Danza de Moros y Cristianos

Parte de la historia de la danza de Moros y Cristianos

José Miguel Reyes Dorantes

Historia, tradición y danza.

En el corazón de nuestras fiestas patronales, entre el estruendo de la música y la emoción de los espectadores, ocurre algo mucho más profundo que un simple baile. Al sonar la flauta y el tambor, dejamos de estar en el México actual para transportarnos a las lejanas tierras de las Cruzadas.

En este espacio quisiera compartir con usted querido lector un poco de la historia de la Danza de los Santiagos, un drama épico de fe, resistencia y misticismo que sobrevive en la tradición de mis tierra, y que forman parte de nuestra cultura y del corazón de mis paisanos.

Un campo de batalla entre dos mundos

La danza es, en esencia, una representación de la lucha histórica entre moros y cristianos. Nos cuenta la historia de una Europa invadida y de la resistencia de aquellos que, en su desesperación, invocaron al cielo.

Aquí es donde aparece la figura central: Santiago Apóstol. Dice la tradición que, aunque era un hombre de paz, bajaba del cielo montado en un brioso corcel blanco para defender la fe. En la danza, el *Santiago Caballero* no solo baila; protege a su tropa y enfrenta al mal encarnado.

Los Protagonistas del Drama

Cada máscara en esta danza tiene un nombre y una historia. No son elegidas al azar; algunas tienen más de 100 años y conservan los rasgos de quienes lucharon siglos atrás.

  • El Santiago Caballero: El líder indiscutible, protector de los Cristianillos.

  • El Pilato: El antagonista. Es el líder moro, un personaje de rasgos feroces (a veces comparado con la dureza del Ivan IV) que intenta "robar" soldados cristianos mediante engaños.

  • La Tropa: Desde el Zavario, que guía la vanguardia, hasta el Centurión y los Cristianillos (niños que recuerdan a los pequeños enviados al frente en las guerras antiguas).

  • El Kai: Un personaje fascinante; un moro que decide cambiar de bando, convirtiéndose en el blanco de la ira de Pilato.

La música, el lenguaje de la Guerra

Regularmente se baila 14 o 15 sones que dictan el ritmo del combate. No es lo mismo el Son del Cruzado, donde se baila con la fuerza de quien sostiene una espada, que el Son del Pasito, que permite un respiro en la batalla. Al final, el aire se llena de alegría con el Son de la Despedida, celebrando que la paz ha vuelto.

El Ritual de la Victoria "Comer Pilato"

El momento más intenso llega con la caída del Pilato. El Caballero lo derriba y los soldados, en un acto cargado de simbolismo, "lo hacen cachos".

Existe una tradición cruda y profunda llamada "Comer Pilato". Se dice que en las Cruzadas las batallas eran tan largas que el hambre consumía a los hombres. Hoy, repartir simbólicamente al enemigo vencido representa el final del conflicto y la victoria total. La danza culmina con un acto de humildad: Pilato, el fiero guerrero, se hinca ante la imagen religiosa, simbolizando la conversión y el triunfo de la fe.

Una Tradición que se Niega a Morir

Lo más valioso de esta danza no es solo lo que vemos, sino lo que se escucha. Los danzantes aún mantienen la "Relación", diálogos en *náhuatl antiguo* que se han transmitido de boca en boca. Son pláticas de guerra, acuerdos y desafíos que conectan nuestras raíces indígenas con la historia universal.

La próxima vez que veas al Caballero agitar su espada y al Pilato intentar lazar al caballo, recuerda que no solo estás viendo un espectáculo: estás presenciando un rito centenario que mantiene viva la memoria de un pueblo.

Danza Alpatlahuac Veracruz